Carta cuarenta y seis

Ya no sale el sol

Corro
a pesar del cansancio que busca detener mi andar.
Corro y no me detengo.
la lluvia se lleva las impurezas de mi alma
y el barro cala en lo más profundo de mi corazón.
Corro en un círculo vicioso,
sin escapatoria.
escribo palabras que no tienen sentido,
intentando forzarlo,
pero mi mente disocia de mi entorno.
Tal vez sea una manera de salvar mi tortura,
de darme un consuelo.
Desnuda ante ojos malvados
que quieren clavar sus espinas en mi ser,
encarnan un espíritu diabólico,
pretendiendo llevarme lejos,
hacia un mundo lúgubre y hostil.
¿Acaso no existe tregua para los enfermos?
Nuestra carne es codiciada por el sabor a esperanza.
He escuchado mencionar que es dulce y tierna,
un manjar virgen que devoran con ímpetu.
Pintan el cielo color carmesí,
se derrite el azul del mar por mis venas
y me convierto en la niebla de una mañana.
Llévate, llévate lejos
la torpeza de mi tonto corazón
antes de que se ahogue en este caos infinito.

-O.C
 


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