Carta cuarenta y tres

die Ängstlichkeit


¿Alguna vez se me va a quitar

esta sensación que ahoga mis sentidos?

El miedo que devora la piel de mis huesos.

¿Viviré hasta mi muerte con una taquicardia eterna?

Hoy existo,

la burla de la felicidad me roza los labios;

un mero roce que hace saltar a mi corazón,

coquetea con él para luego huir.

Mi alma esta condenada a la misera.

Intento bailar con la vida,

pero mis pasos tropiezan con el dolor.

Me sangran los pies de tanta presión,

y la música se vuelve una melodía infernal,

una sinfonía de voces demoniacas

que se alimentan de mis lagrimas;

Las escucho reírse de mi bobo corazón,

de la sensibilidad que me desarma.

¿Soy tonta por temer a la inexistencia?

Desearía encadenar mi alma a la eternidad,

sin embargo, estoy sujeta a esta cruel mortalidad.

Hay días en los que ansió el silencio,

que mi corazón deje de latir

y las voces susurren bajo,

que el tiempo se detenga.

Se que el final es inminente,

inevitable,

pero no puedo concebir la idea de dejar de existir.

 

 -O.C

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