Carta cuarenta y uno
La danza de los locos
Cuando no escribo, mi corazon no late.
Aun así, ni con todas las palabras del mundo
podría encontrarle sentido a mi alma.
No hay manera de describirla;
pareciera que se rindió ante este mundo podrido
y simplemente quisiera sucumbir al deseo de desintegrarse.
¿Acaso hay algún lugar para los que no pertenecemos?
Ni aquí, ni allá.
Nuestros corazones oscuros no son bienvenidos en estas
tierras corruptas.
Y es extraño,
un mundo tan maldito
excluye a quienes le dan sentido.
Por eso, quienes sentimos mucho
y tememos poco,
huimos al paraíso de la locura.
Nuestro espacio seguro es la delicia de la tortura.
¿Quién querría adentrarse en un mundo de locos?
Nadie cuerdo compartiría un segundo de su vida con los
excluidos.
Somos muchos cuerpos danzando en las ruinas,
combinándonos entre sí.
Pero nada nos llenará,
lo único que alimentará nuestra alma
es la cordura que perdimos.
A veces me gustaría sufrir menos,
para que mi alma no quisiera huir de mi cuerpo,
pero sé que ha convertido en su lugar seguro el dolor.
-O.C
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