Carta cuarenta y dos
Hechizada
Creo que ha llegado mi fin en este sombrío mundo.
Mi mente caótica comenzó a olvidar el arte que vibraba en
mis manos,
reducido ahora a actos empobrecidos.
Donde antes había palabras complejas,
llenas de sabiduría,
he quedado con un léxico pobre y tonto.
Mi cerebro olvido las palabras
y las reemplazo por los recuerdos de tu cuerpo .
Es lo único que danza en mi mente todo el día;
estoy maldita,
cargada de enamoramiento.
Sos mi musa,
pero a la vez contaminas mi mente con tu persona,
hasta el punto de que mis versos no tienen sentido alguno.
Oh, amor mío,
dancemos juntos bajo este roció.
Esos dos agujeros negros que tienes por mirada
serán mi ruina,
y tu carne, mi perdición.
Ese sabor metálico me llena de un éxtasis
que no quiero perder jamás.
Con tal de sujetar tu mano por la eternidad,
cedería todo el arte que nace de mí.
¿Estoy loca por ello?
No quiero nada más que tu nombre
surgiendo de mis labios,
y ahogarme en tu aroma ambarino
hasta mi muerte.
-O.C
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