Carta treinta y nueve

Toc Toc 


¿Cómo hago entender a mi corazón que la muerte acecha tras tu puerta?

¿Cómo le explico a mi mente que hay destinos que nos tocan a todos?

Hoy estoy acá,

con la tibieza de tus recuerdos

abrigando cada rincón de mis pensamientos,

con los ecos de tu risa

brotando a borbotones,

como la sangre de una herida recién hecha.

Es inútil cosechar esperanza

en esta tierra que se pudre poco a poco.

Uno creería que el dolor no las tiene jurada,

sin embargo, no…

no es personal.

El ciclo implacable de la vida,

ese del que nadie escapa,

aunque huyamos sin descanso.

Siempre temí a la muerte;

Me robo los sueños,

tiño de gris los recuerdos mas puros,

me arranco los suspiros

y me encadeno

a esta ansiedad, tirando lejos la llave.

Quisiera poder correr a tus brazos,

como cuando tenía seis años

y no era la furia quien tocaba el timbre,

si no el amor eterno,

vestido de risas y ternura,

que te buscaba.

Quisiera, tan solo por una vez,

torcer el tiempo,

volver atrás

y habitar nuevamente

los momentos mas plenos de esta fastidiosa vida.

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