Carta treinta y seis
Ambrosía
Dolor nauseabundo
¿Tan fácil es abandonar a esta alma?
Pisarla, hacerla sangrar sin piedad,
ultrajar hasta lo más insignificante de su ser,
sin importar cuánto grite de dolor.
Escúpela,
llénala de esa furia dominante.
Úsala,
moldéala a tu antojo.
Total, no rechistará;
sumisa e inerte.
Sus súplicas se desvanecerán en el viento;
nadie velara por lo que ya esta destruido.
Sus ojos son dos agujeros negros,
no la mires… o jamás podrás escapar.
¿Cuándo llegará el día
en que alguien luche por ese corazón malherido?
Sus lágrimas son tormentas eléctricas,
su sangre, un manjar con sabor a paraíso.
Tal vez, algún día, tropieces con ella
y quieras abrazarte de esa locura.
Pero la historia se repetirá como un eco sin fin:
no hay quien soporte tanto dolor sin quebrarse.
-o.c
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