Carta treinta y siete

Corroer un corazón


Se va a ir.

A mi corazón abandonará,

y de pena lo llenará.

Drenará hasta la última gota de sangre,

me arrastrará por los adoquines fríos

y hundirá mis huesos en los profundos ríos.


Se va a ir,

y dejará un vacío inmenso

del cual no me podré sanar;

Lo reuniré pedazo a pedazo,

y lo tendré que guardar.


Ojalá pudiera aislarme de esas palabras

que carcomen mi interior.

Pero mi mente, necia y ensordecida,

se niega a aceptar esta horrible realidad.


Me niego a verlo.

Soy incapaz de hacerlo.

¿Hay algún espejismo de paz

en este bastardo mundo para mí?


Se va a ir,

otra vez, ajena a mirar atrás,

sin molestarse en preguntar "¿cómo estás?",

sin interesarse en lo más mínimo por estos latidos

que marchita mi alma en cada rincón.


Quisiera experimentar algo más que sufrimiento,

pero creo que fui sentenciada en esta vida

a la mediocridad.

Tal vez sea merecedora de ello.

Tal vez fui creada para perder.


Las aguas están turbias,

oscuras, densas, hambrientas de furia:

son su aperitivo favorito.

Consumirán hasta lo más ínfimo

de esta esencia maldecida.


Estoy desorientada.

No entiendo los nubarrones a mi alrededor.

¿De verdad te vas a ir?

¿Volverás a dejarme sola en esta tormenta de devastación,

donde el mundo se ha olvidado lo que era el color?


-o.c

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