Carta treinta y cuatro
Encarnizamiento
Alma subyugada,
con el cuerpo inerte suspendido de cadenas oxidadas,
que cortejan mi carne desgarrada.
La sangre se desliza sutilmente,
como las cerdas de un pincel,
pintando una obra carmesí.
Es hipnotizador el hedor que invado el ambiente,
y mi ego se alimenta de ese sentir.
Quiero aniquilar tu sed insípida,
morder tu tormento,
saciar el hambre voraz de mi alma caníbal.
Pasear mis dientes por tu piel sedosa,
tibia y con sabor a gloria.
¿Vas a ser capaz de soportar esta demencia?
Puedo olfatear el pánico gotear por tu vertebras.
No me desprecies por desear el caos;
Es la ambrosia que mantiene esta alma pútrida.
-o.c
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