Carta veintinueve
Jardín ruidoso
Tengo mi corazón rebosante de amor en
las manos,
ensangrentado y doloroso.
Cada hilo tira, queriendo devolverlo a su lugar,
pero busco el rincón más escondido del mundo para enterrarlo, aún latiente.
Es, sin duda alguna, el sentimiento
menos deseado por mi alma,
que anhela abrazar la calma y el amor.
En algún momento caminé por este mundo
con los brazos llenos de anhelo por compartir,
con la mente excitada de conocimiento
y los ojos ansiosos por abarcarlo todo.
Ahora estoy muerta por dentro: oscura
y ruidosa.
Un lugar poco apetecible para ojos serenos,
un espacio que nadie desea visitar,
porque pasarían a ser prisioneros de esta tortura.
¿Y quién querría tener un alma
torturada?
Tal vez, algún día, sea merecedora de
la cordura,
de caminar por este frío camino sintiendo paz.
Pero mis pies, cansados, no creo que vayan a llegar más lejos.
Esperaré sentada en este banco de
madera húmeda y rota,
a la esperanzadora muerte
que quiera abrazarme de una vez por todas.
-O.C
Comentarios
Publicar un comentario