Carta treinta

 Devoción 


El sabor de tu carne es mi gloria.
Mataría por poder dormir en esos brazos suaves y calientes,
encandilada por un amor sin escapatoria.
Quiero que nos devoremos sin inconvenientes,
que tu voz sea mi regalo,
y tu cuerpo, un mapa que atesoro.

Amor mío, no seas indiferente a esto que sientes.
Arrancaría toda la oscuridad de tu ser, con uñas y dientes.
Ámame sin condiciones.
Déjate llevar.
¿Qué más podría ser?

Quiéreme.
Cómeme.
Deséame como nunca deseaste a alguien.
Te entrego mi alma entera.

¿Podrías vivir con eso?
¿Podrías aguantar el peso que conlleva caminar de la mano con la locura?

Codiciada por muchos,
entendida por pocos.

No te resistas al sabor de mi carne.
No intentes escapar de este bucle vicioso.
Somos dos irrazonables de la vida que buscan calma.
Entiendo ese desliz que tu alma quiere cometer,
pero no olvides que las cadenas te tienen atrapado a mí.


-O.C

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