Carta treinta y uno
Abismo
Es como si no sintiera nada.
Lloro sin entender el porqué.
Vacía por dentro.
Lágrimas violentas, como una tormenta enojada.
Sin sentido.
Este dolor no tiene nombre.
No entiendo de dónde sale.
No comprendo por qué mi alma grita, agónica,
como si la estuvieran arrancando de su ser.
¿De dónde salen todos estos malditos sentimientos?
Estas manos no me pertenecen.
Mis latidos son los de un animal herido, que ni siquiera logro escuchar.
¿En qué parte del abismo me encuentro perdida?
Le meto a mi cuerpo todo lo insano que encuentre,
todo lo que me ayude a acallar este ruido insoportable.
No más. Nada sirve.
Mi alma ruega por un poco de tu amor.
Es patética la forma en que se arrastra por un pequeño gesto de ternura.
Aun así, con mis rodillas y palmas reventadas,
me arrastro sobre piedras filosas que cortan mi carne hasta el hueso.
Y llego.
Ahí estamos, solo siendo nosotros,
en la oscuridad,
con pequeños vestigios de luna colándose,
y los versos de una canción rota sonando de fondo,
fingiendo un compás que nunca vamos a bailar.
Entrelazamos nuestros cuerpos sangrientos,
y nos dejamos hundir,
disfrutando el sadismo del dolor
como si fuera lo único real.
-O.C
Comentarios
Publicar un comentario