Carta veintiocho

 Alma contaminada

Empápame con tu aroma a ámbar,
ahoga por completo mis sentidos en tu esencia.
Cuando tu tacto suave y cálido acaricia mi alma,
la oscuridad se vuelve un huésped bienvenido.

El dolor se disipa levemente cuando tus manos me asfixian,
y esos ojos, llenos de lujuria y pasión,
me absorben la vida hasta dejarme en un limbo
entre la cordura y el éxtasis.

Podría alcanzar la cima con solo escuchar
los latidos de tu corazón,
una nota angelical que me vuelve prisionera de vos.
Me encadenaría a tu deseo y arrojaría la llave lejos,
porque mi alma grita por ser anhelada,
que escarben en las cicatrices de mi cuerpo
y las deseen.

Te dejo que me robes el aliento con tus labios ardientes,
que recorras cada centímetro de mi piel con ellos.
Te cedo mi alma atormentada,
hacela tuya y llénala de vehemencia.

De rodillas le ruego a Dios
que libere mi tormento,
pero en su lugar,
imponente y oscuro;
pinchas mi corazón con tu veneno de escorpión.

 -O.C


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