Carta catorce

 Ceniza y hueso


Pensamientos cansados que corren por un bosque oscuro y tenebroso,

en el reino interno a lo que solemos llamar mente

existen los fantasmas torturadores que tienen una parte de mi encadenada en una pesadilla.

¿Pueden escucharme? ¿hay alguien ahí que pueda escuchar los gritos de desesperación?

Perdí el completo control de la cordura

Ya no existe para la racionalidad,

quedo perdida y enterrada en algún lugar del bosque;

creo recordar haber hecho un mapa, pero los fantasmas me aborrecen tanto que lo quemaron junto a los recuerdos.

Un tejido de recuerdos fue desarmado y hecho polvo,

Solo queda eso, polvo y suciedad.

¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿soy?

No soy nada, no existo, ya no queda nada útil de mí.

Alimento a los fantasmas con cigarrillos baratos y licor robado que puedo encontrar por ahí tirado,

de lo único que tienen hambre es de destrucción,

y lentamente me obligan a destruir lo físico.

Mi reino de caramelo y dulce se convirtió en algo amargo.

Ya no quedan lagrimas para derramar porque el dolor se las llevó a todas,

donde había viveza, ahora queda una mirada catatónica y olvidadiza.

El aire que respiro es espeso y caliente, lastima mis pulmones y ralentiza mi andar

¿Dónde están mis manos? ¿Dónde esta mi tacto?

Donde tendría que haber risas, hay un pitido agonizante y lastimoso.

¿Qué hago ahora que solo soy una conciencia triste y lastimada?

¿A dónde corro si no tengo pies para andar?

Estoy cansada

Mi alma esta cansada de intentar vivir junto a los fantasmas torturadores.

Ellos no se quieren apiadar de mi ser, y lo único que me queda es dejar ir lo último de mí.

Me desvanezco en el bosque como el polvo y la suciedad.

Ya no existo

Ya no soy nada


-O.C

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