Carta nueve
Catar
sis
Cata
tonia
El me busca, sin detenerse, me busca para matarme, ralentiza
mi andar y me joroba. Así como a todos. No soy especial, no es que me busque
por algo en concentro, solo soy una más en su lista interminable. Quiero
escapar de el, trato de correr de el, pero es imposible. El único enemigo del
cual jamás me podre librar. Lo odio. El me odia. Nos odiamos. Insostenible el paso
de la armonización, la destrucción vino para quedarse y arrasar todo a su paso.
Almas que danzan en un océano mortífero y oscuro, pudriéndose interiormente, abarcando
todo a su paso para destruirlo todo. La gente corre de el, se refugian en la
esperanza de la inmortalidad eterna y la fe. Sin embargo, cuando los alcanza,
el llanto y la desesperación no duda en invadirlos. El se alimenta de los
gritos desesperados y agonizantes que le regalamos servidos en bandeja de
plata. Risas endemoniadas de lo que alguna fue un futuro destruido, un presente
muerto y un pasado olvidado. Buscar salidas es imposible. Abrir una puerta es encontrarte
con otra, como un circulo vicioso. Hoy aquí, mañana muerta. Con la penumbra besándome
la frente y envolviéndome despacio. El baile aun no se ha terminado, todavía no
nos ha dejado sin aire. Los muertos reviven, surgen de la tierra con risas malévolas,
en la intención de comer al próximo enemigo y arrastrarlo consigo. Buscan saciar
un hambre. Lloran lagrimas de sangre. Escupen podredumbre. El jamas va a parar, no hasta llevarse todo consigo.
-O.C
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