Escuchar a la existencia enamorada de la inexistencia.
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Mi corazón me recuerda al mundo, que por más voces y colores vivos que tenga, aun así se siente apagado.
A veces, me duele el alma,
es un dolor agudo que me cala en lo más profundo, pareciera que me cortan con hilo el corazón;
No encuentro definición más perfecta para esa sensación aguda.
No puedo frenarla
Tengo en mis manos mi corazón ensangrentado,
dejando pisadas de lágrimas rojas.
Mis pulmones se llenan de carmesí privándome de respirar,
los muertos dicen que es un privilegio que anhelan, que curioso.
Mis sentidos bailan vigorosos,
entre las llamas de la locura y una pendiente de normalidad.
Mi cuerpo es un humo atrapado en un frasco,
que quiere romperse, para sentir,
para flotar en un universo;
esfumarse y ser plenitud.
La única forma de existir es desvaneciéndose en el aire,
que contrario es que la inexistencia sea nuestra existencia,
disfrutar de ella en profundo.
A ser, a no ser.
Viveza de agonía, viveza de paz.
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