El paraiso del averno
El paraiso del averno:
Los ojos de las personas te pueden contar una
historia, los de ella no solo te contaban, si no que te atrapaba en un bucle de
lujuria y seducción. Ese redondel grisáceo esconde un secreto oscuro y
perverso, que gritaba para ser develado, y si intentabas descubrirlo, caerías
en un juego interminable de engaño. Así le gusta mover sus piezas, primero te
atrapa, luego te contagia de locura y jaque mate. Le gusta lo predecible que
pueden ser sus presas, como son un libro abierto y las emociones chocan, para
así poder manejarlas a su gusto.
La hechicera de ojos grises y con nombre de
paraíso, tiene días en los que su andar es elegante, camina con la cabeza en
alto y la cascada negra rozando sus caderas; tiene cierta chispa llamativa, que
te incita a querer aventurarte a lugares prohibidos. Aunque también hay días en
los que camina encorvada, con el cabello cubriéndole el rostro y sus orejas
adornadas con auriculares, escuchando alguna de esas tantas canciones clásicas
de su playlist.
No existe un día en el que su cuello no este adornado
con ese collar de gema rubí, que hace un contraste con su pálida piel, como un
papel. Sin duda el rojo es su color favorito, no puedo descubrir el porqué,
pero algo me dice que está asociado con la perversidad de su mirada.
Todo en ella es fino, parece una muñeca de
porcelana que se rompería con un simple toque, sin embargo, no es así. Las
apariencias pueden ser engañosas, y ella es un claro ejemplo de eso, detrás de
ese manto de debilidad hay una estructura de fuerza y poder. No entiendo porque
le gusta mostrar esa cara, cuando podría comerse al mundo, me genera cierta
molesta.
Note que tiene cierto apego por algunas cosas, como
si le recordaran a algo del pasado y quisiera aferrarse a ello o lo necesitara
para sobrevivir de su propia mente. Además del rubí, durante los últimos años
ha llevado un abrigo rojo, bien cuidado que parece nuevo, pero claramente no lo
es. Su fanatismo por ese color sangre es tan grande, pareciera que todas sus
prendas son elegidas apropósito así. Al igual que el collar, no existe día en
el que no lleve algo rojo, siempre estará presente.
Debes observarla bien para darte cuenta de pequeños
detalles, como el lunar en su pómulo izquierdo o que le encanta dibujar y
escribir en una libreta floreada, trazos finos que simbolizan su dolor interno.
Cuando se equivoca seguido en su arte, tiende a suspirar pesadamente y rodar
los ojos, hace presión con las manos, aguantándose el revolear por los aires la
libreta.
Me gustaría meterme en su cabeza, para descubrir
todo el mundo que hay, no solo quiero quedarme con lo externo, con lo que
demuestra. Porque si puedo notar que le gusta el rojo o el arte, también en que
su gusto de música favorito es la clásica, pero para bailar algo de lo nuevo;
en como aborrece el verano o que prefiere el helado de menta y chocolate por encima de otros. Puedo fijarme en su ceño fruncido cuando no entiende algo
de la clase, en cómo se muerde el labio inferior cuando algo le gusta y,
además, el pequeño brillo que le gusta ponerse en ellos; hay tantas cosas para
decir de mi Paraíso, que no tendría el tiempo del mundo para decirlas y menos
contando las internas. Quiero aventurarme en su mundo para saber el porqué,
para obtener respuestas y saber cautivarla ¿Por qué prefiere los romances
cliché si odia eso en la realidad? El otro día la vi riéndose de un chiste ¿Qué
no era ella una chica seria? —cabe destacar que, sin duda me ha dejado
fascinado su extrema belleza al reírse— hay tantas cosas incorrectas y
correctas a ellas, yo quiero descubrirlas todas. No me importa si hacerlo es mi
fin, con tal de descansar sabiendo que descubrí las dos caras de mi amada,
estoy a gusto.
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