Carta uno
Buscando tu alma
Había algo en su mirada color cielo que me resultaba
indescriptible, jamás pude resolver esa incógnita porque nunca más volví a
verlos. Uno de mis mayores sueños por cumplir era eso, así será hasta mi
fallecimiento, aunque sabía que no iba a poder ser posible, ni con la
existencia de la magia.
Vagar de noche por las calles de la ciudad se volvió un hábito
desde su partida, mi alma busca un consuelo que las calles vacías y silenciosas
me brindaban a la perfección. Todo lo que el día brindaba era un martirio para mí,
pues traía consigo su recuerdo. Añoraba junto a la luna las vivezas del pasado.
La gente suele mirarme extraño, porque el fuego me consumió
y con cada paso que daba, dejaba un rastro de ceniza morada, y no era normal.
Soy quien ella me maldijo, ese es mi tormento. Fui creado para no existir,
odiar la vida y destruir, los planes que ellos tenían determinados para mi
fueron en vanos con la aparición del cielo y el ruido. Sonara cliché decir que
su alma iridiscente contagio la mía dándome el poder de la existencia, haciéndome
querer la vida y construir. Pero es una vil mentira, un simple manto que caería
mostrando mi verdad y que nada jamás ocurrió, porque su partida ocasiono eso.
Estaba condenado a la inexistencia, pero existía. Ahora solo dejo un alma
triste vagando en el valle de la oscuridad.
“-Para: la chica con ojos color cielo, que un día se fue y jamás
volvió.
De: un alma inexistente que existe.”
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